Elecciones en Galicia y en el País Vasco: nuevo capítulo en el “empate catastrófico”

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La jornada de elecciones locales del próximo domingo en Galicia y en el País Vasco y el impacto que tendrán en un Estado español que vive una de sus más agudas crisis políticas. Por Marcelo Righetti

La jornada de elecciones locales del próximo domingo en Galicia y en el País Vasco y el impacto que tendrán en un Estado español que vive una de sus más agudas crisis políticas.

El próximo domingo se realizarán elecciones de autoridades en las comunidades autonómicas de Galicia y el País Vasco. Estas se desarrollarán en medio del proceso para la formación de gobierno en el Estado español, el cual se encuentra en un impasse luego del fracaso en el intento de investidura por parte de Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, y todavía presidente en funciones. Sin dudas, la complejísima situación política tendrá una influencia muy importante en estos comicios aunque también es importante comprender que los resultados no pueden ser leídos únicamente desde esta perspectiva, porque intervienen otro tipo de factores que responden a esas realidades autonómicas y de una manera residual a la situación en el conjunto del Estado.

La crisis orgánica que vive España tiene como uno de los factores centrales la dificultad en la articulación territorial de las distintas naciones que componen el Estado. La conflictiva situación catalana, en donde el gobierno de la Generalitat se encuentra encaminado en el Procès en busca de la independencia, es el hecho más notorio y crítico en que se observa esta situación.

Pero no es el único enclave en donde demandas soberanistas e independentistas han ido creciendo al punto de convertirse en uno de los principales reclamos de esas sociedades. La historia de estos reclamos en el País Vasco es bastante conocida, por lo menos más que la de los nacionalistas gallegos, sin embargo el aumento de las tensiones en el Estado español también ha hecho crecer a estos sectores dentro de Galicia. Más allá de esto, ambas comunidades tiene realidades distintas.

 

País Vasco: ¿el PNV podrá formar gobierno?

En el País Vasco, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) es hegemónico y ha sido primera fuerza electoral desde el fin de la dictadura franquista. Sólo en una oportunidad no pudo conformar gobierno, luego de las elecciones de 2009 donde un acuerdo entre el Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) y el PP puso como lehendakari al socialista Patxi López.

Las encuestas, en tela de juicio luego de los últimos errores, colocan al PNV en claro primer lugar con amplia ventaja sobre EH Bildu, la fuerza de la izquierda abertzale, y sobre Elkarrekin Podemos, denominación vasca de la fuerza liderada por Pablo Iglesias. Más atrás aparecen PSE-PSOE y el Partido Popular.

En las últimas elecciones generales para el Parlamento español del 26 de junio, Podemos dio el batacazo colocándose como la fuerza más votada por encima del PNV. Este resultado busca ser repetido por la formación morada, aunque todo parece indicar que será muy difícil debido a que las características de ambas elecciones son distintas. Esto no quita que igualmente se ubique por encima del PSOE y el PP, las otras dos fuerzas de ámbito estatal, lo cual puede ser claramente convertido en una victoria en el marco de la crisis para formar gobierno.

La victoria del PNV casi nadie la pone en duda, sin embargo no le alcanzaría la mayoría suficiente para gobernar solo, ante lo cual se abren las especulaciones respecto de con que fuerzas pactará en su intento de continuar dirigiendo los designios de Euskadi. Las posibles alianzas que se establezcan estarán profundamente imbricadas con los acuerdos a nivel estatal, aun cuando las dinámicas sean distintas.

 

El escenario gallego

La situación en Galicia es diferente. Allí gobierna el PP de la mano de Alberto Núñez Feijoo y ha sido un bastión de la derecha española, quien ha gobernado desde el establecimiento del estatuto autonómico a excepción del período de 2005-2009, cuando un acuerdo entre el Partido Socialista de Galicia (PSdeG-PSOE) y el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) permitió hacerse con el control de la Junta de Galicia.

La victoria de Núñez Feijoo parece ser un mero trámite, a pesar de que ha sufrido un cimbronazo importante en 2013, cuando se dieron a conocer unas fotos de 1995 en donde se lo podía observar compartiendo un ameno momento en un yate en Andorra con Marcial Dorado, reconocido narcotraficante gallego, quien actualmente se encuentra cumpliendo condena. La historia del contrabando en Galicia es muy larga y en las últimas décadas el crecimiento del narcotráfico ha sido enorme al convertirse en puerta de entrada de la cocaína colombiana a la UE. Sin dudas, la complicidad de las autoridades políticas y particularmente de dirigentes del PP ha sido muy importante para este desarrollo.

A pesar de este golpe, el líder del PP gallego continúa en funciones y al parecer sin grandes consecuencias, una ya común capacidad de varios dirigentes del PP que no reciben castigo por sus cuantiosos hechos de corrupción.

Por otro lado, el PSdeG-PSOE busca no ser superado por En Marea, el acuerdo de fuerzas gallegas que son parte del espacio de Unidos Podemos a nivel estatal. En las elecciones generales del 20 de diciembre del 2015, En Marea superó por cuatro puntos a los socialistas, pero en las del 26 de junio sufrió un retroceso y quedó apenas unas décimas por debajo. Aquí estará una de las cuestiones claves que se decidirán este domingo. Asimismo, la posibilidad de que el PP no llegue a la mayoría absoluta abre la oportunidad de que se intente un acuerdo de gobierno a tres bandas con En Marea, PSdeG y BNG, el cual para algunos serviría como ejemplo para intentar un pacto entre PSOE y Unidos Podemos en el Estado español.

 

Empate catastrófico y la posibilidad de terceras elecciones

La situación política española se encuentra bajo una tremenda tensión. Los poderes fácticos presionan continuadamente para que haya un acuerdo que permita alcanzar un gobierno afín a sus intereses. Se repiten y magnifican las voces para alcanzar un acuerdo PP-PSOE que permita armar gobierno y cerrar la posibilidad de terceras elecciones. La actitud de Ciudadanos acordando a principios de año con el PSOE y ahora apoyando al PP es la más clara muestra de esto.

Mientras tanto, Pedro Sánchez se resiste a la posibilidad de investir a Mariano Rajoy, a pesar de todas las presiones incluso de importantes dirigentes de su partido, entre ellos el mismísimo Felipe González, porque eso lo llevaría a la muerte política. Pero tampoco tiene la voluntad, ni es capaz de apostar por la conformación de un acuerdo con Unidos Podemos y las fuerzas nacionalistas catalanas y vascas, para construir un gobierno alternativo. Su único camino es continuar tensando la cuerda e intentando construir un escenario que debilite a la fuerza que lidera Pablo Iglesias. Su opción es querer mostrar que el PSOE es el único que puede vencer a Podemos y volver a poner en orden el régimen de partidos nacido de la Constitución de 1978.

Sin embargo, la crisis orgánica que vive España es en parte la crisis del PSOE y a partir de la cual la irrupción de Podemos es explicable. El PSOE fue el partido que logro generar la articulación territorial de España luego del franquismo, a partir de su acuerdo con fuerzas representantes de las distintas nacionalidades históricas, sobre todo catalanas y vascas. Asimismo, fue la fuerza capaz de contener el desborde social al convertirse en la expresión política de los logros del Estado de Bienestar y la conquista de derechos sociales y sindicales. Pero ahora, ha dejado de cumplir esas dos funciones, primero debido al advenimiento de la Tercera Vía en la socialdemocracia y después debido a la ruptura de acuerdos con las fuerzas nacionalistas. Hemos visto que hace poco fue gobierno en Galicia y el País Vasco y ahora pugna por no ser relegado al tercer y cuarto puesto, respectivamente.

 

¿Y Podemos?

Ese espacio es el que ha ocupado Podemos, constituyéndose como el representante de la lucha contra los ajustes y los planes de austeridad que pauperizan a amplios sectores sociales y proponiendo una mirada nueva sobre la constitución de España como una estado plurinacional.

De esta manera, ha logrado convertirse en la fuerza con mayor apoyo en los sectores jóvenes de la sociedad, que es donde más se siente las consecuencias de la crisis socioeconómica y en las últimas elecciones generales ha sido primera fuerza en Cataluña y el País Vasco.

El empate de fuerza está establecido, la forma en que se resuelva está por verse. Lo único cierto es que el tiempo suele estar a favor de los poderosos, sobre todo porque amplios sectores sociales comienzan a ser ganados por el escepticismo y el cinismo. Esta es una de las razones de la evidente tensión en la dirigencia de Podemos entre Pablo Iglesias y su número 2, Íñigo Errejón.

Mientras el primero, considera que las instituciones le han sentando mal a Podemos y plantea una vuelta a un discurso más radicalizado como el de los inicios, en busca de recuperar los votos perdidos entre las dos elecciones generales; Errejón, propone una moderación para intentar “seducir a la parte de nuestro pueblo que sufre pero aún no confía en nosotros”, proponiendo apuntar a los sectores que todavía se mantienen firme en su apoyo al PSOE y que ven en Podemos algo muy disruptivo.

El PP a pesar de los continuos casos de corrupción que lo salpican, continua firme y fortaleciéndose. El PSOE lleno de tensiones internas no puede avanzar sin perder enormes terrenos y en su obstinada posición patea la pelota para adelante y profundiza la crisis. Podemos, comienza una nueva etapa cargada de profundas discusiones que determinarán las características que tendrá en el futuro y su propia vida política. En medio de todo esto lxs gallegxs y vascxs irán a las urnas para elegir sus representantes autonómicos y sumar nuevos ingredientes a la extraordinaria situación española.

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