Sobre lo sucedido en Barker

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El 4 de enero del corriente año se desarrolló un conflicto en la cárcel Nº 37 de la ciudad de Barker, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense. Barker es una localidad ubicada a 40km de la ciudad de Tandil. La mencionada unidad penitenciaria aloja a presos de toda la provincia de Buenos Aires y, en gran medida, a la población prisonizada de la ciudad de Tandil. Es una de las cárceles más grandes de la zona centro de la Provincia. (Politica Tandil, 6/1/2016)

Los medios tandilenses mencionaron que el conflicto nació a través de una disputa por el control de pabellón uno, haciendo referencia a “informan fuentes confiables” o “fuentes extraoficiales”. Para los medios locales cuando se trata de un tema que viene haciendo eco en los medios nacionales, no importa la veracidad del tema, lo importante es difundir, luego se verá si la información es real. Una tendencia que apunta a monopolizar la crónica periodística a partir de determinados actores, esto es, fuentes penitenciarias o, en todo caso,fuentes judiciales. Descripciones que limitan el tema a un “ajuste de cuentas entre ranchadas” borrando del relato la pérdida absoluta de la presencia estatal en los espacios de la cárcel.

Hacer mención a las peleas entre presos o mostrar en primer plano las caras cubiertas de jóvenes es una forma de correr el eje de discusión y buscar el problema donde no se encuentra. Las imágenes que se difunden y la manera de canalizar el problema en el periodismo es una forma de pensar que la violencia ocurre allí, que se encuentra “encapsulada” y solamente los presos son los actores que participan. Mientras esté ahí dentro, es un tema de presos, de “amotinamientos”.

Sin embargo, si se escarba un poco más la información (no se habla de investigar, sino de revisar) se observará que el tema es mucho más profundo. El día 29 de diciembre del 2015, la abogada defensora Karina Valenti presentó un Habeas Corpus Correctivo Colectivo a favor de los presos del pabellón uno de la mencionada cárcel. Los motivos que condujeron dicho documento fueron los siguientes; sobrepoblación, alimentación deficiente, condiciones de alojamiento inhumanas, falta de asistencia médica y psicológica adecuada, peligro de incendio, zonas liberadas en la zona de visitas con armas blancas, no hay separación entre procesados y condenados en el alojamiento, obstáculos para cursar estudios, entre otros.

Con esto no estamos diciendo que el problema de la violencia no exista, o que sea un problema menor. Sino que la estrategia utilizada es la forma de hacer llegar a la ciudadanía o al ámbito político la existencia de la tortura dentro de las cárceles por quienes la padecen. Cuando desde lo institucional se refuerza el aislamiento y la ruptura de los lazos sociales, visibilizar el conflicto a través de canales informales por los propios presos es una forma de mostrar la emergencia de la dignidad, una forma de romper con las prácticas abusivas rutinizadas del SPB hacia la población encarcelada. Y que la “emergencia en seguridad”, es decir, reforzar equipamiento, reincorporar oficiales retirados o construir más cárceles, no es la vía de escape para un problema de la democracia argentina, sino que lo que se encuentra en emergencia, como mencionó la Comisión Provincial por la Memoria, son los derechos humanos; alimentación, salud, acceso a la información judicial, los vínculos familiares y tratos no punitivos hacia ellos, a una educación de calidad, entre otros derechos reconocidos a nivel nacional e internacional. A esto le agreguemos la erradicación de la tortura, la violencia para el gobierno carcelario, la corrupción, el encarcelamiento masivo de jóvenes urbanos y el desdibujamiento del Estado a resolver o encarar el problema de la cárcel con medidas más profundas y serias.

Por último, el conflicto desarrollado en la cárcel de Barker pereciera ser una situación excepcional en esta parte de la provincia. Pero la verdad es que estas situaciones se vienen repitiendo de manera continua, tanto en la cárcel de Barker como en las cárceles de la ciudad de Azul y Olavarría. Es decir, todos los días hay un preso o una presa que está sufriendo torturas, que no tiene qué comer o qué se encuentra en el piso por un dolor, todo ello, en las cárceles de la zona centro de la Provincia de Buenos Aires.

Por Manuel Chiavarino

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