Autos calibre 38

En una misma jornada dos camionetas Toyota Hilux fueron protagonistas de las noticias policiales. La palabra “Hilux”, al igual que la nomenclatura “cuatro por cuatro”, se ha convertido en una metonimia de una forma de vida, un poder adquisitivo y una posición social.(Opinión: por Juan Perona en Política Tandil)

En cierto tramo del anuncio, las noticias giran a su costado más sociológico.  Los comentarios se vuelven más complejos por las capas de análisis que conllevan.

Se añade, a la responsabilidad obvia de la muerte o el accidente, el peso del ciudadano que sostiene cierto nivel de consumo –que a esta altura es sinónimo de nivel de vida- como si la capacidad para ganar el dinero que requiere esa camioneta contuviese también valores propios de ciudadanos cautelosos y responsables.  En estos tiempos, saber ganar dinero se ha convertido en mérito suficiente.

Al mismo tiempo, y a partir de esa posición social que lo llevó hasta el asiento del poderoso vehículo, una parte de la comunidad lo pre-sentencia con el indulto que suele atribuírsele al dinero para salir de los aprietos con la Justicia.  El razonamiento es: “si tiene dinero para una Hilux o cuatro por cuatro, tiene dinero para sortear el peso que la Justicia hace sentir, sin miramientos, a los pobres”.

En la avenida España, un mayor de edad (más de 60 años) atropelló a un mandadero que se conducía en moto.  Lo mató a poco del impacto.  El vehículo mayor era una “cuatro por cuatro” marca Toyota, de gran envergadura y mayor precio.

Con el cadáver todavía tibio y pocos datos oficiales, comenzaron las descargas en las redes sociales.  Muchas, en la dirección antes mencionada.  También se sumaron las críticas a las cámaras de seguridad colocadas sobre la avenida.  Los artefactos no habrían captado nada para definir si el conductor de la “cuatro por cuatro” pasó el semáforo en rojo por descuido o porque iba corriendo una picada, como aseguran algunos testigos.

Ahora las críticas viran al Municipio.  Las cámaras de seguridad viene resultando un fiasco en Tandil. Los millones invertidos han servicio únicamente para mostrar alguna que otra escaramuza de jóvenes a la salida de un boliche y prestarla a uno de esos programas basura de la TV.

Entre tanto, el punto central pasa de largo.  ¿Por dónde pasa la tan temida inseguridad?  ¿Quién deja mayor número de víctimas?  ¿En dónde se debe invertir para prevenir?

En Tandil han muerto más personas en accidentes de tránsito y por mano propia –por falta de atención social y de salud- que en ocasión de robo.  En el país, la tendencia es la misma. Por cada homicidio doloso hay casi tres muertos por siniestros viales.  Más de 20 personas mueren por día en el país, en una ruta o en una calle.  Sin embargo, un hecho que involucra un arma de fuego da tantas vueltas por un mismo medio -o por sus colegas- que pareciera más recurrente y habitual.

La edad del conductor también rompe un mito.  Tenía más de 60 años.  Sin embargo, el detalle no está en el título como lo hubiese estado si la edad rondaba los 20 años.  Entonces, el título hubiese empezado así “Un joven…”.

Preconceptos rodean nuestra idea del peligro.  Los preconceptos de la pobreza y la juventud, entre ellos.  Mientras tanto las estadísticas dicen otra cosa. Dicen que un rodado mata con más asiduidad que una 38 milímetros.  Que los asesinos al volante no llevan gorrita encasquetada ni se juntan en la esquina a tomar cerveza.  Y que la educación que anda haciendo falta no se mide en grados académicos ni capacidad de acaparar dinero.

La campaña de seguridad más necesaria es la más difícil porque implica romper prejuicios, que los tenemos y en cantidades siderales.  Implica meterse de lleno en la complejidad y en dejar de lado la simplicidad de sumar policías.  Implica dejar de derivar sumas millonarias a insumos y programas que son ineficientes.  Implica tanto que mejor, parece, es quedarse con la clásica.

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