El que está roto no es el tomógrafo. Es el Hospital. La salud pública de Tandil está “colapsada”.

El tomógrafo del Hospital está roto. “Ya lo sé” dirá usted pensando en que la noticia es vieja. No. Esta roto de nuevo, por segunda vez en lo que va del año y acumulando un curioso récord cuando se compara la estadística con lo que sucede en el sector privado. Y estamos en febrero. (Nota de Opinión – Juan Perone – Politica Tandil )

Los turnos en Traumatología se están dando para julio, más de cien pacientes en lista de espera; Radiología da turnos a 45 o 60 días.  Tapiaron una puerta de emergencia con Durlock y sugirieron que en caso de apuro se use un hacha.  Tardaron meses en reponer una luz halógena central de uno de los quirófanos.

Otros equipos de intervención también están rotos y los médicos que los usan sugieren realizar las operaciones por fuera del centro asistencial público, donde el equipo de su propiedad está en impecables condiciones.  Si no se quiere esperar o sufrir, hay que pagar.

Nadie quiere hablar oficialmente, pero muchos arriman datos.  El Hospital es una zona de descontrol de gestión en donde los médicos montan su imperio con sus propias reglas.  Aseguran que se han anestesiado pacientes que no debían ser operados.  Los anestesistas, que tienen el monopolio de la especialidad en Tandil y la región, llegan horas después del horario programado.  Saben que nadie los puede sancionar ni reemplazar.  Los casos que rozan la negligencia se esconden.

El que está roto no es el tomógrafo.  Es el Hospital.  La salud pública de Tandil está “colapsada”, asegura un dirigente de la ciudad que tiene amplio contacto con los trabajadores del centro asistencial.  Cuando se compara el nivel de servicio del público con el privado surgen las diferencias, pero los profesionales son los mismos. Y los recursos que invierte el Estado no son pocos.

Los equipos que no se rompen casi nunca en el ámbito privado, se descomponen cada tanto en el nosocomio.  Y los repuestos no se compran o se compran meses más tarde.  En el medio, los pacientes son derivados, postergados en los turnos o reciben sugerencias de hacer el servicio en una clínica, sanatorio o consultorio.  Una tomografía ronda los 2 mil pesos.  Meses sin tomógrafo, son miles de pesos embolsados por privados. Y dinero de bolsillos flacos que migra a bolsillos gordos.

El descontrol llegaría a grados inimaginables.  Un profesional habría recibido el “retorno” en forma de cheque en el mismo Hospital.  El remitente: una ortopedia.  Traumatología es un área crítica.  Aseguran que, periódicamente, derivan combis repletas de adultos mayores a La Plata para servicios que se podrían prestar en Tandil.  Aseguran también que hay una lista de espera que tiene más de cien apellidos.  El dolor se aguanta o se paga.

En Radio Tandil, I.L. afirmó que “su madre llevaba seis meses de demora para que le realizaran una tomografía computada y contó que el turno que tenía para el 23 de febrero fue postergado nuevamente porque el equipo no estaba funcionando”. Nueve meses esperando.

M. A. asegura que está “hecha bolsa por la artrosis”, que pidió turno para la reumatóloga y que le dieron “recién para el 18 de julio”.  “Hasta entonces, aguantar los dolores”, se queja.

M.S. tiene a su madre de 87 años con problemas: cadera luxada.  Hoy pidió turno. “Me daban para julio pero no entienden que es urgente”, explicó. “Te llena de bronca”, asegura. “Voy a averiguar donde atiende de forma particular”.

Los que tiene un peso guardado lo usan.  Los que no, lo piden.  Los que no tienen a quien pedir deben aguantar la incomodidad o el dolor.  A veces, la solución es un repuesto que no se gestiona.  Unos pocos miles evitarían gastar millones, pero otra lógica impera en el submundo de las finanzas aplicadas a la Salud.

Un trabajador del Hospital asegura que la puerta de emergencia del quirófano estuvo rota por tres meses.  Pese a las quejas recurrentes de profesionales y trabajadores, la abertura de repuesto no llegaba.  La solución llegó por el lado menos pensado.  Tapiaron el hueco con una plancha de Durlock.  El mecanismo de apertura no fue el más tecnológico: un hacha para abrir la plancha de yeso en caso de apuro.

La Salud de Tandil pasa por uno de sus peores momentos, pese a que desde el Municipio se insiste en lo mucho que se ha avanzado.  El Hospital sigue siendo una zona oscura dentro de un entramado hoy más complejo.  Otras áreas parecen funcionar mejor.  Las salas de Atención Primaria, por ejemplo, pero el Hospital sigue dando para historias de terror.  Esperar seis meses es, muchas veces, la antesala de la muerte.

Algunos dirigentes del sector hablan de colapso, no por falta de recursos sino de gestión.  Una idea clara de lo que tendría que tener garantizado cada vecino, tenga o no el dinero para acudir a una alternativa privada.  Y una gestión que tenga en claro que el servicio a prestar es un derecho y no un servicio.

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