Sobre el 24 de marzo. Nota de Opinión

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40 años del último golpe de Estado en Argentina. 40 años del último golpe de un ciclo de 43 años donde se sucedieron en total 5 dictaduras. (Por la Agenda de lxs de Abajo)

Recordamos este, por haber sido el más violento y haber inaugurado una nueva etapa económica, política y social en la Argentina. Porque la violencia de esa dictadura la excedió largamente y llega hasta hoy en día con el neoliberalismo al cual le abrió las puertas.

Este golpe fue el cierre de un ciclo de violencia política que se inauguró en los años previos al ’30 cuando el ejército entendió que tenía el derecho de participar como un actor político más en la vida del país, cuando el ejército dejó de estar al servicio de la defensa del país para estarlo al servicio de los grupos de poder, o mejor dicho, se sinceró salvajemente.

Los sectores dominantes nucleados en torno a la oligarquía exportadora y vinculados a los poderes extranjeros encontraron en el ejército a su representante, y cada vez que entendieron necesario reafirmar sus intereses frente a la sociedad apelaron al mismo para llevarlos adelante, clausurando una democracia que abrieron a regañadientes, no consolidada y con la que nunca estuvieron de acuerdo. Por todos estos motivos decimos que el golpe fue cívico-militar, porque fueron estos civiles, representantes de la oligarquía local y grupos extranjeros, quienes promovieron los golpes de Estado y apelaron al ejército para “controlar la democracia” cuando lo creían necesario.

En realidad diremos que los golpes fueron cívicos-militares y eclesiásticos, porque la iglesia, aunque con honrosas excepciones, los promovió, los apoyó y sirvió como sustento para legitimarlos y también para legitimar las prácticas horrorosas que se desarrollaron al interior de las fuerzas armadas. La iglesia como sustento ideológico y garante de las relaciones de dominación.

Al 24 de marzo lo recordamos porque es necesario hacer memoria, por las aberraciones que se cometieron durante este último golpe de Estado. Por los y las 30.000 desaparecidos/as, por los y las perseguidos, por quienes sobrevivieron, por las terribles vejaciones que sufrieron quienes se atrevieron a oponerse y quienes buscaban construir un mundo que se oponía al proyecto que estos querían consolidar. Debemos recordarlo entonces para que nunca más se violen los derechos humanos de las personas, y en un sentido amplio también. Porque el último golpe de Estado garantizó el disciplinamiento social para llevar adelante una batería de medidas que operaron directamente en contra del pueblo y al servicio de los grandes capitales concentrados, el golpe de Estado garantizó la consolidación del neoliberalismo en Argentina acentuando el hambre, la miseria, los pibes perdidos, la desocupación, y la profundización de la relación de dependencia hacia los centros de poder, una relación de la que nunca se había salido y es menester aclararlo.

El golpe de Estado permitió al gobierno de Menem, toda esa serie de medidas que permitieron entregar al país y al pueblo al servicio de estos grupos económicos concentrados y a los famosos “buitres”, que incrementaron e incrementan sus fortunas a través del saqueo de los países de América Latina, Asia y África aún hoy día. Muchas de estas medidas que nunca se revirtieron por los demás.

El golpe de Estado está íntimamente relacionado con los procesos políticos que se desarrollan en la actualidad y por eso debemos recordarlo siempre.

Porque cuando hablamos de derechos humanos, no podemos pensar sólo en la violación sistemática de derechos humanos durante la última dictadura militar, no podemos pensarlos como algo del pasado, porque eso nos lleva al olvido. Y es quizás una crítica que me atrevo a hacerle a diversos sectores que desde el kirchnerismo promovieron la memoria histórica de estos sucesos. Nunca negando las buenas intenciones, muchas veces se clausuraron los derechos humanos a un período histórico concreto no pudiéndose pensar la problemática en el presente. Un terrible hecho histórico desconectado de la realidad actual, de forma artificiosa, por la cantidad de represores y de miembros de las fuerzas de seguridad y el aparato político que participaron en la última dictadura que aún seguían vinculados al Estado, por las prácticas canallescas que se seguían realizando en las comisarías, por la corrupción policial, por la invisibilización de la violencia hacia grupos molestos (como indígenas, campesinos, villeros), por el abandono de pibes ya abandonados por un sistema que los excluye.

Al desconectar los hechos pasados del presente, promovimos la desmemoria histórica. Muchas personas que aborrecen la dictadura militar apoyaron la candidatura de Macri – con lo que eso implica – porque fueron incapaces de establecer nexos entre ambos procesos, porque no entendieron que los actores que participaron en aquel momento aún están y han logrado reorganizarse en las condiciones actuales, y porque no creen que siguen desconfiando tanto de la democracia como en aquel momento, mucho se contribuyó a generar esta confusión. Aunque en materia de de derechos humanos se avanzó muchísimo desde la vuelta de la democracia, no se logró vincular íntimamente el pasado al presente, y eso, tiene sus costos.

Entonces si hacemos memoria histórica pensando en el presente, debemos reflexionar profundamente como esos grupos de poder que nunca habían llegado al mismo de manera total desde la promulgación de la Ley Saenz Peña sino a través de la violencia política, el fraude o la mentira desvergonzada, hoy logran hacerlo con el consenso popular, que apoya todas las medidas que atentan contra ellos mismos. Y ahí pienso en la preocupación de Gramsci, cuando en los años ´20 observaba como en Europa occidental, en vez de estallar las revoluciones socialistas, se consolidaba el avance del fascismo con el apoyo del pueblo.

Nuestra memoria en relación al último golpe no es completa si no señalamos todas las cosas que se mantuvieron desde aquel, en el plano económico, social, político y cultural, como muchos lo hicimos durante estos últimos años. No es completa si no logramos desagregar aquellos grupos, aquellos políticos, que reivindicaron muchos aspectos de la última dictadura o que fueron cómplices y hoy se maquillan de demócratas, y muchos, hasta de defensores del pueblo, y progresistas.

Conmemoramos esta fecha en un momento triste de la historia Argentina, los civiles cómplices de la dictadura hoy retornan al poder a sus anchas, sin necesidad de negociar con sectores en pugna al interior de su armado político. Con la plaza de la Memoria ensuciada con banderas yanquis que reafirman nuestro status colonial. Viviremos estos años una época de resistencia y retrocesos, una época de avance de quienes gestaron la última dictadura.

No podemos sino confiar y apostar a fortalecer la organización popular para resistir a estos avances y consolidar una opción propositiva que permita cerrar finalmente este triste capítulo de la historia. Deberemos actuar con inteligencia, con fuerza, y sobre todo apelando a la memoria, para no cometer cíclicamente los mismos errores del pasado, para que esa correlación de fuerzas que siempre retorna al saqueo sistemático del pueblo y del país pueda ser quebrada.

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